Algo tan sencillo, no debería ser objeto de todo un post y explicaciones. Siempre he tenido la obligación moral de escribir sobre ello desde mi experiencia y observación, pero después de las últimas noticias relacionadas con el entorno del entrenador mundialmente conocido, Alberto Salazar, quien tiene a su cargo campeones olímpicos de la talla de Mo Farah,  me veo en la necesidad de escribir sobre ello.

A nivel personal, deporte limpio es la práctica deportiva de forma ética, responsable y representativa de los valores del deporte. Y con ello, me refiero expresamente a que practicar deporte limpio NO es SOLAMENTE cumplir con las reglas antidopaje.

Para entender mi definición, voy a explicarlo desde el lado opuesto, es decir, ¿qué es el dopaje? Podríamos definirlo brevemente como la toma de sustancias o métodos prohibidos y, además, como aquellas actuaciones que violan el reglamento antidopaje como por ejemplo la negativa de pasar un control o la no localización del deportista en los horarios libremente establecidos en tres ocasiones. Pero, ¿qué es lo que determina que una sustancia o método deba prohibirse? Para calificarlo como tal, debe cumplir al menos dos de los siguientes requisitos:

–  Se utilicen para mejorar el rendimiento

– Sean perjudiciales para la salud

– Vulnere el espíritu deportivo

Para que todo el mundo lo entienda, el dopaje no sólo es tomar una sustancia prohibida, también supone un comportamiento dirigido a eludir las normas antidopaje.

De estas definiciones, extraigo la idea, por lo tanto, de que un deporte limpio tiene que vincularse tanto a un cumplimiento normativo como a un comportamiento ético y sin riesgos para la salud. Un dato sería por ejemplo, como la antigua Agencia Antidopaje ahora se denomina Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD).

Es aquí donde está el dilema. Existen multitud de fármacos y métodos que estando permitidos, se utilizan para mejorar el rendimiento, tienen efectos secundarios y por tanto, ponen en riesgo la salud. Además, son considerados poco éticos por la sociedad (como un tratamiento intravenoso o intramuscular).

A nadie se le escapa que un deportista de alto nivel tiene que suplementarse. Los abundantes saltos, lanzamientos, kilómetros e impactos que sufre el cuerpo son brutales y difícilmente podríamos obtener todos los nutrientes que necesitamos exclusivamente con la alimentación. La medicina busca suplir las carencias para que el deportista no se lesione o no caiga enfermo. Pero también busca una mejora del rendimiento.

Los fármacos, suplementos, medicinas y métodos son infinitos para cumplir estos objetivos dentro de la legalidad. Pero, ¿qué sucede si un médico, entrenador y/o atleta deciden tomar todos los fármacos posibles?, ¿qué pasa si un atleta practica métodos legales pero invasivos para el cuerpo humano?, ¿cuáles son los efectos secundarios de un abuso de todos estos fármacos?, ¿puede ser tolerable, ético y sano un abuso de tratamientos invasivos como las inyecciones?  ¿Y si un atleta practicara métodos actualmente permitidos pero que aún no están estudiados por la propia Agencia Mundial Antidopaje en cuanto a sus riesgos para la salud?

Llevar lo legal al límite de lo ilegal es posible y es algo tan deshonesto como peligroso. Algunos deportistas buscan autorizaciones de fármacos que dan positivo simulando tener síntomas de enfermedades. Otros, utilizan fármacos sólo permitidos legalmente fuera de competición con la excusa de estar enfermos. Se abusa de tratamientos invasivos (con los riesgos que ello supone) sin ninguna prescripción médica o con sólo el objetivo de mejorar aún más el rendimiento.

Cuando me refiero a que todo esto me parece deshonesto, me refiero que aunque todo sea legal, el atleta termina engañándose a sí mismo, recurriendo a unos métodos que le harán mejorar artificialmente su rendimiento sin llegar a saber nunca dónde está su límite. Y todo ello, con riesgos para la salud.

Pasamos de un plano en que la medicina está al servicio del deportista, a otro en el que el deportista está al servicio de la medicina. ¿Algún médico, entrenador,  federación o atleta se ha preguntado qué pasará con el deportista el día de mañana? El que sea legal, ¿supone ser ético? El que no sea dopaje, ¿supone ser deporte limpio?

Siempre he tenido las cosas bien claras al respecto, aunque no siempre me he visto respaldada por parte de mi entorno. Fuera del entrenamiento, esfuerzo y disciplina que supone conseguir ciertas metas, la medicina tiene cabida pero a mi parecer debería ser de forma responsable y ética. Siempre he creído en ello y yo misma me he demostrado que se puede conseguir y, por supuesto, no soy la única atleta.  Se puede llegar a la élite sin tener que exponer al cuerpo a tanto riesgo, simplemente hay que confiar en uno mismo, superarte cada día llevando tu cuerpo al límite que se proponga tu mente y, por supuesto, entrenar con sentido común y con la colaboración de un médico que ayude a mejorar tu rendimiento sin descuidar tu salud.

 Sobre la autora

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Diana Martín dice de sí misma: “Empecé a correr con 8 años y desde entonces el atletismo poco a poco ha pasado de ser mi hobby a mi profesión. Con esfuerzo, constancia  y sacrificio he perseguido mis sueños. Mientras terminaba mi tercera carrera universitaria, cumplí mi primer sueño de participar en unos Juegos Olímpicos. Dos años después llegaría mi mayor logro deportivo, la medalla de bronce en el Cto. de Europa de Atletismo en la prueba de 3.000m. obstáculos”.